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miércoles, 6 de julio de 2016

Fin de curso, despedida musical

Estamos terminando el curso y creo que vamos a tener que dejarlo el año que viene. Nuestra profesora, Patricia, que ha sido estupenda a lo largo de muchos años, inicia una nueva carrera en la dirección de óperas antiguas. Rescata partituras desconocidas y las recompone escénica y musicalmente. Estrena a final de curso, pero tiene nuevas posibilidades para el año próximo y no puede dedicar tanto tiempo a las clases. Podríamos empezar con otra profesora, pero va a ser un año difícil.
La amiga que viene con nosotros a clase está muy agobiada con los exámenes, y no puede seguir. Mi hermano estará fuera el año próximo, y yo no podré dedicar tanto tiempo en segundo de bachillerato.

Espero seguir disfrutando del piano, y de la música en general, y volver a incorporarme a las clases cuando no esté tan cargada de trabajo. La música me aporta mucho, me ayuda a sentirme mejor, tanto escuchándola como practicándola.  Y el curso que viene echaré de menos a Patricia, con la que tanto he aprendido y también he disfrutado.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Música: una composición familiar

Estoy preparando junto con mi hermana una obra muy especial a cuatro manos. Se llama Itxasokoa, y es una obra de mi tío abuelo paterno, Antonio Gonzalo, el hermano de mi Aitona Javier, que era médico y además un gran músico, compositor e intérprete. Hay varias partituras de él publicadas en los años 50 y 60. Toda esa parte de mi familia, los Gonzalo, tienen una gran tradición musical, y hay varios que tocan el piano o el órgano, y todos cantan muy bien.
Itxasokoa es una obra que habla del mar. La familia vivía en San Sebastián, y la anterior generación trabajaba en relación con los barcos que llegaban al puerto, así que no es una visión idílica del mar, sino que habla al mismo tiempo de la belleza y de la dureza y el sufrimiento del mar. La familia de los marineros sabe que siempre puede haber un accidente o una galerna, y muchas personas de San Sebastián han muerto por ello. También hay una parte que representa la dureza del trabajo en el mar: se madruga mucho, se pasa frío, el resultado en la pesca no está asegurado, depende de la suerte. En Itxasokoa, una de las personas que la tocan hacen un fondo que se parece a las olas del mar, y la otra se ocupa de la melodía. Tiene letra y se puede cantar en euskera, aunque nosotras sólo la tocamos, pero para interpretarla es importante entender la letra.
Además de que es muy bonita por sí misma, esta obra es muy importante en nuestra familia. Se interpreta al órgano en las celebraciones familiares, como las bodas o funerales, y tiene diferente significado según el momento.
Es bastante difícil de tocar, quizá sería para un nivel superior al que tenemos, pero como estamos muy motivadas y a mi profesora, Patricia, le parece muy buena, nos ha adaptado la transcripción para que podamos tocarla cada una con su nivel sin que pierda fuerza.
También es muy agradable tocar a cuatro manos, aunque tengamos momentos de desesperación cuando una lo hace bien y la otra se atasca. Lo hacía con una amiga hace años, y tiene algo de reto compartido. Exige trabajar en equipo y tener paciencia con la otra persona, porque si no, se pone nerviosa y todo empeora.

Cuando sale bien, produce mucha satisfacción.